miércoles, 30 de abril de 2014

MARÍA MAGDALENA: EL ENCUENTRO


























Amiga, amigo; espero que disfrutes durante este tiempo: ¡estamos en primavera!, una estación que pone fin al largo invierno. Porque el invierno carga nuestras vidas de fríos, de malos tiempos y esperamos como agua de mayo un tiempo apacible, de libertad, alegría y esperanza, de luz y aire fresco.

Un tiempo el de primavera que coincide con la anual rememoración de la Pascua del Señor. Pascua que es vida impensable para siempre en Jesús de Nazaret. Sin embargo, no siempre el término Pascua nos sugiere lo que verdaderamente es. En realidad nuestra alegría pascual se desplaza estos días a las vacaciones, a la mona, a los viajes, a las salidas al campo… Pero, ¿cuál es la verdadera alegría pascual?

Hay una persona que nos puede acercar al descubrimiento seguro de la que llamamos Pascua. Esta persona, esta mujer es María Magdalena. Aunque María Magdalena representa más que una persona, es una figura de todo el que sigue a Jesús.

María Magdalena ama a Jesús, y sabe que él le ama, por eso va a ver lo que le queda de “su amor” después de su crucifixión. Para su desolación no queda ni su cuerpo, y llora esas lágrimas de ausencia de quien tanto quiere. Pero María es a la vez sincera: llora porque “se han llevado al Maestro y no sé dónde lo han puesto”; y decidida: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré”.

Entonces es cuando Jesús fuerza el encuentro: -“¡María!” Ella se vuelve y le dice: -“¡Maestro!” Es imposible describir cómo con estas pocas palabras queda María Magdalena inundada por completo de gozo y de felicidad.

Jesús le da un encargo, que no era ni siquiera menester le hubiera dado, pues la felicidad, la alegría es de por sí comunicativa, tiende a festejarse, a compartirse. María Magdalena va corriendo a comunicar a los discípulos, a quienes encuentra hundidos, su experiencia: -“Me he encontrado con el Señor; está vivo. Ha resucitado para llevarnos al Padre”.

Amiga, amigo: Este encuentro con Jesús que vive para nosotros, es un acontecimiento que cada hombre o mujer puede tener en distinto momento y forma; es un regalo divino. Él, que quiere estar contigo, te llama la atención cuando te envía personas que te llenan de felicidad, cuando sientes la paz de una situación estupenda, o te extasías ante el amanecer o la noche tachonada de estrellas…para así alegrar tu corazón, para decirte que te ama y quiere para ti una primavera para siempre.


Tu amigo,
Francesc


1 comentario:

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