Una de las primeras obras de misericordia es “enseñar al que
no sabe”. Pero, ¿qué hay que enseñar y cómo? Quien enseña ha de conocer las
posibilidades (la mentalidad) de aquel a quien quiere enseñar, y en
consecuencia, instruirle en lo que le conviene que aprenda; y en la manera en que lo necesita.
El enseñar requiere la sencillez. Y aun mostrando lo que hay
que aprender con las palabras justas y claras, puede suceder que el / o la aprendiz no
haya captado los mensajes. Por eso, el buen maestro ha de verificar continuamente
que el alumno le ha entendido. Debe saber, además, que cada cual aprende a su
manera y que para apropiarse de las enseñanzas, emplea su tiempo, que no es el
mismo para todos.





